sábado, 6 de septiembre de 2008

El obelisco de Axum vuelve a Etiopia


Los axumitas, los primeros cristianos de África, se hubieran quedado boquiabiertos hoy al ver erigido en su totalidad el obelisco de 25 metros de alto que ellos cincelaron y que se les derrumbó en pedazos mientras lo levantaban hace 1.700 años.

Son ahora los turistas que viajan a Etiopía los que pueden deleitarse viendo en Axum el obelisco, de 150 toneladas de peso, que se ha levantado como se pretendía haber hecho originalmente, aunque esta vez con la ayuda de maquinaria moderna e ingeniería europea.

Sea como fuere, después de haber permanecido despedazado durante diecisiete siglos y de unos años de estancia en Italia, el obelisco de Axum está finalmente en su hogar y se levanta firme junto a sus hermanas, las estelas que marcan las tumbas de una de las grandes civilizaciones del siglo III.

Más de mil personalidades asistieron hoy a la ceremonia de inauguración del obelisco, entre ellas el primer ministro etíope, Meles Zenawi, el subsecretario de Asuntos Exteriores italiano, Alfredo Mantica, y el historiador Richard Pankhurst, que tuvo un papel decisivo en su devolución por Italia a Etiopía.

Hasta hace cuatro años, el obelisco estaba delante de la oficina del Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Roma, donde fue trasladado por Benito Mussolini en 1937, cuando los fascistas italianos invadieron Etiopía.

Mussolini quería que representara en Roma el orgullo de su breve conquista colonial y ahora representa la preservación de la cultura africana. "Lo que se llevaron por la fuerza, ahora ha regresado con grandes esfuerzos diplomáticos", dijo el primer ministro Meles Zenawi en la clausura de la ceremonia.

El Parlamento etíope reclamó dos veces la devolución del obelisco, la primera en 1969, cuando los parlamentarios etíopes amenazaron a los italianos con que su majestad, el emperador Haile Selassie, nunca volvería a visitarlos si no lo entregaban, y luego en 1996.

Puede que la primera amenaza no convenciera a los italianos, pero una renovada campaña dirigida por intelectuales de los dos países finalmente causó la suficiente vergüenza a Italia y a Naciones Unidas como para conseguir su regreso.

La restauración del monumento no fue una tarea fácil, pues requirió cuatro años de trabajo duro y unos 10 millones de dólares (unos 6,9 millones de euros), para hacer una reconstrucción en tres partes, que fueron colocadas en raíles forrados de teflón antes de erigirse unidas.

"No existe ningún precedente de esto", dijo Giorgio Croci, jefe de ingeniería del proyecto: "Hoy en día, no es frecuente mover obeliscos, así que tuvimos que inventar algo".


La civilización axumita, prácticamente desconocido para los extranjeros hasta finales del siglo XIX, puede ser una de las últimas grandes civilizaciones de la antigüedad redescubiertas en tiempos modernos.

Desde luego, visitar los lugares históricos en los territorios del norte de Etiopía puede dejarle a uno con la sensación de estar descubriendo algo y no deja de ser cierto, porque las tradiciones que rodean estos lugares históricos todavía sobreviven.

Un monje todavía vigila la catedral de Tsion Maryam, de Axum, en la que los religiosos de la Iglesia Ortodoxa etíope dicen que descansa el Arca de la Alianza, donde la Biblia señala que se guardaban las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos.

Según la tradición ortodoxa etíope, el Arca fue llevada a Axum por el Emperador Menelik I, el legendario vástago que nació del encuentro entre el rey Salomón y la reina de Saba.

La principal atracción en Axum, sin embargo, siguen siendo el centenar de estelas funerarias, con forma de obelisco, de muy distinto tamaño y calidad, desde piedras sin trabajar de un metro hasta el monumento al rey Remhai.

El obelisco inaugurado hoy se erige por encima de todos ellos y forma ya parte de los monumentos del norte de Etiopía, junto a las islas y monasterios de Bahir Dar, los castillos de Gonder, las iglesias labradas en piedra de Lelibela y la agrupación de monasterios en lo alto de los precipicios de Gheralta.

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